Campesinos anticanal: “Nos sentimos posando en nuestras propias tierras”

Nayibe Acevedo es una líder campesina del movimiento anticanal en la comunidad El Roble, que resumió la amenaza que sienten por la Ley 840. “Nosotros no somos políticos. Somos campesinos humildes que hemos nacido en estas tierras, tierras que representan nuestra fuente de vida. Sencillamente nuestra unidad y nuestra lucha es porque no es justo que una concesión a un extranjero nos amenace; la verdad es que nos sentimos como que estuviéramos posando en nuestras propias tierras, porque esa Ley tiene un fondo confiscatorio y no lo vamos a permitir”, resalta la líder campesina.

Campesinos cuyas tierras están en la ruta del Canal han denunciado que no pueden realizar ventas, hipotecas y ninguna transacción registral porque los Registros Departamentales no les tramitan la solicitud.

“Estoy dispuesto a ofrecer mi otro ojo”

José María Calderón tiene 68 años y el 24 de diciembre de 2014 perdió el ojo izquierdo, luego de ser brutalmente agredido por las fuerzas antimotines, en la comunidad El Camastro, en El Tule, San Miguelito.

Calderón fue agredido por oponerse a la Ley 840, que miles de campesinos exigen al presidente designado por el poder electoral, Daniel Ortega, derogue porque pone en peligro sus tierras por la concesión que este dio al chino Wang Jing.

“Yo perdí mi ojo en el 2014, pero le digo al dictador Ortega que estoy dispuesto a ofrecer el otro ojo y hasta mi vida por la defensa de nuestras tierras”, afirma Calderón, que caminó varios kilómetros durante la marcha 89, que se celebró este martes en la comunidad El Dorado 3, en San Miguelito, Río San Juan.

Miles de campesinos de las comunidades de El Dorado 2, El Dorado 3, El Naranjo, Fajardo, Los Chiles, El Almendro, El Castillo, La Fonseca, Punta Gorda y la isla de Ometepe marcharon este martes para reiterarle a Ortega su rechazo a la Ley 840, que deja en el “limbo” sus propiedades y que este martes cumplió cuatro años de aprobada.

Lesner Fonseca, líder del Consejo Nacional en Defensa de la Tierra, Lago y Soberanía, en la comunidad de El Tule, en San Miguelito, Río San Juan, le envió un mensaje a Ortega.

“Nosotros no nos cansamos y nuestra lucha es compartida por el 90 por ciento de los nicaragüenses. Y si Daniel Ortega ha dicho que el pueblo es presidente, pues entonces que derogue la Ley 840”, demandó el líder campesino.

“Una lucha justa”

El comandante de la Revolución, Henry Ruiz, quien participó en la marcha, dijo que la lucha campesina es genuina y democrática.

“Es una lucha justa. En esta lucha no hay dádivas, no hay politiquería. El movimiento campesino ha dado un ejemplo de dignidad a Nicaragua. Mi reconocimiento a hombres y mujeres del campo por esta lucha, que no le temen al dictador Ortega”, aseguró Ruiz, miembro de la Dirección Nacional de los años ochenta.

Mónica López, asesora del Consejo Nacional de la Tierra, Lago y Soberanía, destacó la lucha cívica de los campesinos anticanal.

“El movimiento campesino ha tenido una enorme virtud y es que entre más agresivo se pone Ortega, más reivindicativo se pone el movimiento y así ha habido movilizaciones en cada uno de los días en que Ortega hubiera querido que nadie saliera. Este es un día simbólico, porque hoy son cuatro años de la negativa del movimiento a la ignominiosa concesión canalera, pero también es un día para celebrar el surgimiento de esta enorme fuerza social que nos ha llenado de esperanza y deseos de cambiar el país”, sostuvo López.

Francisca Ramírez, líder campesina y una de las fundadoras de la lucha anticanal, también le envió un mensaje a Ortega.

“Nosotros los campesinos iniciamos esta lucha porque es un derecho que tenemos a nuestras tierras, un derecho que el señor Ortega quiere dar en concesión a un extranjero: que sepa el señor Ortega que no estamos retrocediendo y apenas comienza esta lucha y que sepa además que no nos cansaremos de esta lucha, pese a la represión, y que sepa, además, que nuestras tierras no tienen precio y nuestra demanda cívica es que desaparezca esa Ley entreguista”, declaró la líder campesina.

La Prensa/Emiliano Chamorro Mendieta